"Nuestro mayor esfuerzo debe ser formar personas capaces de dar sentido y dirección a sus propias vidas"
Rudolf Steiner

Rodeada de naturaleza y una hermosa vista a las sierras, nuestra amada institución se encuentra en la región del Valle de Calamuchita, en Villa General Belgrano, Córdoba, Argentina.

Se concreta este proyecto en el año 1996 gracias a grupo de visionarios y de espíritu emprendedor, donde inicialmente se ofrecían talleres de recreación para niños pequeños y talleres artísticos para niños en edad escolar, con orientación en la pedagogía Waldorf. A raíz del éxito de este grupo emprendedor, surge el deseo profundo concretar un proyecto educativo que implemente esa pedagogía.

Hoy es un sueño hecho realidad gracias a la fuerza espiritual de los fundadores, a la donación del terreno realizado por Rosmarie y Patricia Mampaey, a todas las familias comprometidas y colaboradoras, y al valioso personal del establecimiento.

Contamos en la actualidad con un extenso terreno en medio de la naturaleza, instalaciones propias y nuevas construcciones realizadas con bioarquitectura y el orgullo por el incremento de nuestra comunidad año tras año con niños de familias locales, de distintas provincias y hasta provenientes del extranjero.  Este establecimiento ya está adscripto a la educacion oficial, y estamos actualmente llevando a cabo los últimos trámites correspondientes.

Si usted está interesado que sus niños y su familia formen parte del proyecto de pedagogía Waldorf lo invitamos a que se contacte con nosotros para que podamos satisfacerle todas sus inquietudes.​
El Rinconcito

Jardín de infantes

Antes de hablar del Jardín de Infantes seria bueno detenernos a pensar en las implicancias de la palabra educación. Podríamos pasar horas, noches enteras, y llegaríamos a diversas conclusiones. Algunos de nosotros quedaríamos tranquilos con ellas y otros terminaríamos totalmente inquietos, desconcertados. Pero cuando estamos ahí, y los niños están con nosotros para que los acompañemos en los primeros pasos de su caminata en el mundo, tenemos que detenernos, confiar y observar. Desde una perspectiva ante todo cuidadosa, abarcativa, abierta, podríamos mirar a los niños y preguntarnos: ¿Qué necesita el niño desde pequeño para poder desarrollar con la menor interferencia posible sus disposiciones? ¿De qué formas podemos acompañar su desarrollo para que no se pierda su esencia? ¿Cómo se ayuda al devenir de seres humanos íntegros y libres? ¿Qué podemos aportarles como adultos, sin por ello condicionarlos con nuestros deseos y expectativas a una dirección o un rol determinado?

A través de la educación formal, desde hace siglos, el mundo persigue la meta de perpetuarse a sí mismo, es decir, de formar ciudadanos que respondan a las necesidades y requerimientos del momento. Hoy más que nunca cabe preguntarse si la educación no debería ser, vitalmente, una herramienta transformadora. La educación ya no como una forma de producir el ciudadano que el sistema necesita, sino como un canal para que cada ser humano, desde su cualidad única e individual, pueda introducir en el mundo su capacidad transformadora y creativa.


La pedagogía tiene la responsabilidad de mantenerse en movimiento en este sentido, en búsqueda. Cada vez que sentimos que hallamos una respuesta tendría que permanecer en nosotros de todas formas la pregunta, como una manera de no dormirnos ante una realidad cambiante.
La pedagogía Waldorf intenta dar forma a algunas de estas preguntas, y en el hacer cotidiano, partiendo del estudio y la observación profunda de las etapas evolutivas del niño, propone un sistema pedagógico tendiente a acompañar y favorecer lo que, por fuerza natural, ya ocurre.